El icono donde se fabrican iconos

Un producto de la creatividad

Se dice que la mejor forma de alimentar la creatividad y la innovación es rodearse de ellas. Eso es lo que hicimos cuando recurrimos al arquitecto Ralph Erskine para crear nuestro «Tivoli» en la década de los cuarenta.

A mediados de la década de los cuarenta, las instalaciones de producción de Hästens se habían quedado pequeñas y se comenzó a buscar un nuevo emplazamiento. David Janson, el directivo de la tercera generación de Hästens albergaba grandes ambiciones para las nuevas instalaciones. Tenía que ser algo más que una simple planta de línea de montaje; tenía que tener alma y ser un lugar que despertase los sentidos.

Casi por accidente, David Janson se puso en contacto con el joven Ralph Erskine, un arquitecto británico relativamente desconocido que estaba recorriendo Suecia en bicicleta. Los planteamientos arquitectónicos de ambos encajaron a la perfección y Ralph Erskine recibió el encargo de inmediato. El resultado fue un edificio muy alejado de los espacios públicos convencionales de la época.

Denominado en un principio «Tivoli», el edificio era muy original y, con su tejado con arcos formando una onda, sus elegantes líneas y sus reminiscencias náuticas, se ha convertido en un icono emblemático dentro de los círculos de la arquitectura.

En 1998, Ralph Erskine regresó para ampliar el edificio que había diseñado unos 50 años antes. A su llegada, le dijo a Jan Ryde: «Me siento exactamente igual que cuando hablé con tu abuelo hace 50 años. Los mismos valores y la misma sensación.»

La fábrica de los sueños

En nuestra fábrica de los sueños, se respira paz y tranquilidad. Aquí trabaja nuestra familia de artesanos. Es un lugar en el que se desarrolla una silenciosa actividad y se ponen en práctica técnicas tradicionales de forma instintiva, sin ruido ni máquinas estruendosas. Es un lugar en el que se cuida y se mima el descanso.

El término «fábrica» quizás hace un flaco favor a las camas y a aquellos que las crean. No se trata del típico taller industrial. No tenemos un almacén lleno de espuma y caucho, ni máquinas devorando, cortando y haciendo un ruido atronador. No hay hornos en llamas ni robots.

Hay personas que emplean sus sentidos, sus conocimientos y sus técnicas, heredados de generación en generación, para fabricar de forma artesanal nuestras camas.

Nuestra fábrica de los sueños es un lugar en el que rebosa la concentración de los artesanos de Hästens al realizar su trabajo. Se pueden escuchar sus conversaciones al completar las concienzudas inspecciones de calidad y verificar las alineaciones.

La fábrica de los sueños es parte de Hästens —y de su cama—. También lo son esa calma y esa paz que se siente al tumbarse en ella; la energía y la felicidad al despertarse; las ganas locas de meterse en ella al final de un largo día. La manera en que nuestro taller artesanal alimenta e impulsa nuestra pasión por el descanso no se puede igualar, solo admirar.

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